¿Alguna vez has sentido que el mundo digital es demasiado… perfecto? Todo es liso, simétrico, predecible. En Píxeles Muertos, creemos que la perfección está un poquito sobrevalorada. Por eso, nos enamoramos de una técnica que celebra lo inesperado: la risografía.
Si estás aquí, probablemente es porque viste un cartel con colores que parecen brillar, o un fanzine que se siente diferente al tacto, y te preguntaste: “¿Cómo rayos hicieron esto?”. Ponte cómodo, sírvete un café (o un mezcalito, que estamos en Puebla) y acompáñanos en este viaje desde el Japón de los 80 hasta nuestras calles poblanas.
Corre el año 1980. Tokio es un hervidero de luces de neón y tecnología emergente. En medio de este caos futurista, Noboru Hayama, un hombre con una visión muy particular e hijo de un monje budista, buscaba algo que parece contradictorio: una forma de imprimir que fuera masiva pero económica, rápida pero ecológica.
Hayama no quería competir con las grandes imprentas industriales. Su objetivo era ayudar a las comunidades pequeñas: escuelas, iglesias y oficinas locales que necesitaban comunicar mensajes importantes sin gastar una fortuna. Así fundó Riso Kagaku Corporation.
En japonés, RISO (理想) significa “ideal”. El primer duplicador RISO no era una impresora como la que tienes en casa, era un híbrido extraño, un “Frankenstein” maravilloso que mezclaba la velocidad de una fotocopiadora con la técnica milenaria del esténcil.
Lo que Hayama no sabía es que esa máquina, diseñada para imprimir circulares escolares y boletines religiosos, terminaría en manos de artistas rebeldes que buscaban una alternativa al sistema de impresión tradicional.
Si le preguntas a un técnico, te dirá que es una “duplicadora digital de alta velocidad”. Si nos preguntas a nosotros en Píxeles Muertos, te diremos que es el primo punk de la fotocopiadora y el hijo consentido de la serigrafía.
Imagina que la Riso es una pequeña fábrica de serigrafía automatizada dentro de una caja. No usa tóner caliente como las impresoras láser, ni cartuchos de tinta líquida que se tapan todo el tiempo.
Una de las cosas que más nos enorgullece en Píxeles Muertos es que la Riso es amigable con el planeta. Las tintas son vegetales, hechas a base de aceite de soya o salvado de arroz. No tienen esos químicos horribles que huelen a solvente; de hecho, el taller siempre tiene un olorcito peculiar, como a papel fresco y naturaleza, que te hace querer quedarte a vivir aquí.
Durante décadas, la Riso fue la herramienta olvidada en los sótanos de las parroquias. Pero a principios de los años 2000, algo cambió. Los diseñadores e ilustradores, cansados de la frialdad de la impresión digital, empezaron a rescatar estas máquinas viejas.
¿Por qué? Por sus “defectos”.
En la Risografía, el registro (la alineación de los colores) nunca es perfecto. A veces un color se desfasa medio milímetro del otro. En el mundo comercial, eso es un error. En el mundo del arte, eso es carácter, alma y textura.
De pronto, Londres, Berlín y Nueva York se llenaron de estudios independientes. La Riso pasó de ser una “máquina barata para fotocopias” a convertirse en una declaración estética. Es el equivalente a preferir un disco de vinilo sobre un MP3: suena más cálido, se siente más real.
No estamos solos en esta locura. Alrededor del mundo, hay colectivos que han llevado la Risografía a niveles de museo. Si quieres inspiración, tienes que conocer a estos titanes:
Estos estudios nos enseñaron que la Risografía no es solo una técnica, es una comunidad global. Una red de personas que compartimos trucos, tintas y el amor por ensuciarnos las manos.
En México, la Risografía entró de puntitas. Al principio, solo unos cuantos estudios en la Ciudad de México tenían acceso a estas máquinas. Estudios como CAN CAN o S A R A (Sociedad Anónima Reproducción Autogestiva) abrieron brecha, demostrando que en nuestro país había sed de publicaciones independientes y gráfica de alta calidad a precios accesibles.
Pero México es enorme y el talento está en todos lados. Hacía falta que esa mancha de tinta se extendiera a otros estados. Y ahí es donde entramos nosotros.
¿Por qué Puebla? Bueno, además de que amamos las cemitas y el clima bipolar de la ciudad, Puebla tiene una tradición gráfica impresionante. Desde el barroco hasta el arte urbano contemporáneo, esta ciudad respira diseño.
Píxeles Muertos nació de una pregunta simple: “¿Y si dejamos de ver lo que hacen en otros países y empezamos a imprimir nuestras propias historias aquí?”.
Queríamos crear un espacio donde la Risografía no fuera algo lejano o inalcanzable. Un taller que fuera rito, juego y trinchera creativa. Empezamos con una máquina, mucha curiosidad y un par de tambores de colores. Hoy, somos el punto de encuentro para ilustradores, poetas y locos del diseño que quieren ver sus ideas cobrar vida en papel bonito.
De todo. Literalmente.






Si todavía no estás convencido, aquí te van nuestras razones favoritas para elegir esta técnica sobre cualquier otra:
En una impresora láser, la copia 1 y la copia 100 son idénticas. En Riso, no. Cada hoja tiene pequeñas variaciones en la textura y el color. Eso significa que, cuando compras un print de Píxeles Muertos, tienes una pieza única en el mundo.
Hay colores en Risografía que simplemente no existen en CMYK (la impresión normal). El Rosa Fluorescente, el Naranja Eléctrico o el Azul Cobalto tienen una intensidad que parece tener luz propia. Es como si el papel estuviera encendido.
3. Es una opción amigable
Imprimir en masa suele ser malo para el medio ambiente. Pero la Riso consume muy poca energía (no usa calor) y sus tintas son biodegradables.
Al usar tintas vegetales sobre papeles sin recubrimiento (uncoated), la tinta se absorbe de una forma especial. El resultado es un acabado mate, aterciopelado, que dan ganas de acariciar.
En la era de la inteligencia artificial, donde las imágenes se generan en segundos y se olvidan en milisegundos, la Risografía es un acto de resistencia. Es un recordatorio de que los humanos somos imperfectos, de que el proceso importa y de que el tacto es fundamental.
En Píxeles Muertos, no solo imprimimos papel; imprimimos comunidad. Creemos que el futuro no tiene que ser una pantalla fría, sino un fanzine lleno de manchas de tinta y colores imposibles.
¿Ya te picó la curiosidad? Si quieres traer tu proyecto a Píxeles Muertos, aquí te dejamos unos consejos de oro:
Si llegaste hasta aquí, felicidades. Ya sea que quieras imprimir tu primer fanzine o simplemente quieras un print hermoso para la posteridad, en Píxeles Muertos estamos listos para recibirte.
Estamos en el corazón de Puebla, rodeados de historia y con los tambores de tinta listos para girar. Porque el mundo necesita más color, más errores felices y, definitivamente, más Píxeles Muertos.
📍 Encuéntranos en Puebla.
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¿Te gustaría que te ayudemos a preparar tus archivos para tu primera impresión en Riso? ¿O prefieres que te enviemos nuestro catálogo de tintas disponibles? Solo mándanos mensajito y nos ponemos manos a la obra.